Reforma de la Salud para la mayoría de los colombianos
Colombia, tristemente, es uno de los países del mundo con más desigualdad y aun en una región pobre, uno con las tasas más altas de indigencia y de pobreza.
Podemos decir que la mayoría de los colombianos es pobre en un país clasificado con eufemismo como “en desarrollo” o “de economía emergente”.
La criticada Ley 100 de 1993 habla, sin embargo, de principios justos como equidad y solidaridad. Esa Ley y las que han seguido como las leyes 1122 y 1438 no han acercado a la mayoría de los colombianos ni la equidad, ni la solidaridad. Y no porque se carezca de leyes sino porque no se han cumplido.
Cada vez que hay una nueva “reformita”, y el POS modelo 2011-2012 es otro intento de “reparcheo”, nos sentimos defraudados y asimismo no porque no se haya incluido la resonancia magnética con gadolinio para detección de metástasis (en la “otra vida” fui oncólogo) sino porque nada se ha hecho a favor de la atención primaria, aquella que necesita la inmensa mayoría de los colombianos.
A riesgo sabido y anticipado de incurrir en el malestar de mis colegas especialistas de alto cuño, de las asociaciones de enfermedades raras y de alto costo, de la industria y de los hospitales y clínicas con rango de 4 y 5 estrellas, debo decir que a lo largo de 18 años, desde la instauración de la Ley 100, no se han escuchado las voces defensoras de la medicina general o de atención primaria, la que necesita la mayoría del pueblo colombiano.
Comencemos por afirmar sin titubear que la promesa presidencial de garantizar aseguramiento en salud para todo tipo de enfermedades es una utopía absoluta, como lo es onírico el pronunciamiento en el mismo sentido de la Corte Constitucional.
Asegurarle todo a todos, no lo ha logrado ni el país más rico del mundo, Estados Unidos, donde hay en la actualidad 15% de pobres y en donde se ven en apuros para limitar (“racionar”) y negar multitud de servicios de salud.
El sistema de salud colombiano, durante 18 años, ha estado más invertido ahora que nunca (coloquialmente “patas arriba”). Si el sistema era malo en la época del estatal ISS y de los hospitales públicos o de mal llamada caridad, ahora es peor, reconociendo la nobleza del aseguramiento universal, sin adjetivos peyorativos como caridad.
Cualquier construcción inicia por las bases. El sistema de salud ha debido comenzar por lo fundamental: proveer atención primaria, ambulatoria, de bajo costo y prevención a la totalidad de los colombianos pero sobre todo a los más desvalidos, a los más pobres, a los habitantes de nuestras inundadas veredas y barriadas, quienes nada o poco tienen.
De igual manera, la primera preocupación ha debido ser los profesionales de la salud cuya misión central es la atención primaria general, en puestos de salud y en nosocomios de primer nivel.
Sin embargo, desde la instauración del nuevo modelo económico de salud, las voces cantantes han sido las de los especialistas y subespecialistas, las de los hospitales y clínicas de tercer y cuarto nivel, las de la industria de equipos y medicamentos sofisticados de marca y de alto costo, las de los voceros de las enfermedades raras, también de alto costo.
Nadie arguye que no haya habido corrupción y malversación de fondos, abuso de posiciones dominantes, ánimo desmesurado de lucro de algunos y de ciertas instituciones y organizaciones. Pero, aun siendo graves esos problemas, la falla fundamental ha sido estructural en cuanto a la prioridad que debe darse a los problemas de salud de los colombianos.
Como dije antes, en mi otra vida fui oncólogo y por ello con audacia puedo decir que nada pasaría si nuestro sistema de salud solamente atiende ciertos y pocos cánceres curables y simplemente afirma que no tiene la capacidad económica para cubrir los demás.
Nada pierde el país si no financia tomografía computadorizada helicoidal para detección de cáncer de pulmón y así por el estilo.
En cambio es absolutamente perentorio e inalienable contar con los medios para diagnosticar y tratar, ahí sí sin restricciones, las enfermedades transmisibles o infecciosas sobre todo de los niños, la desnutrición, los problemas del embarazo y del desarrollo, las enfermedades que conllevan limitación o pérdida de la visión y desde edad temprana las enfermedades asociadas a riesgo cardiovascular como obesidad, diabetes, hipertensión y dislipidemias.
Me haría interminable si aspirase a una lista básica completa pero terminemos con las enfermedades de transmisión sexual y con la prevención de estas y de los embarazos no deseados y con los trastornos mentales, así como problemas que afectan la calidad de vida, como las cataratas y ciertos problemas articulares.
Toda esa lista preliminar cae dentro de la esfera de la atención primaria o ambulatoria de bajo costo relativo.
Al oído del Presidente y del Ministro, de las organizaciones médicas y de los líderes de la profesión: con sentido de equidad y de solidaridad, con sentir de Patria, pensemos primero en los problemas de la inmensa mayoría, garanticemos la atención de esos problemas y luego ascendamos en la pirámide de la salud, cubriendo hasta y solo hasta donde nos alcancen los recursos.
Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Editor Publicaciones ILADIBA
Vicepresidente de Educación Federación Médica Colombiana
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia
Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic College of Medicine (1976)
Profesor Visitante Universidad de Paris Sur (1975) y de la Universidad de Harvard (1985-1987)
© EMSA-ILADIBA, Diciembre, 2011