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Contra-Reforma IX Importancia del acceso al conocimiento médico
Sendos artículos aparecidos recientemente en Canadian Medical Association Journal (CMAJ) el órgano oficial de la Asociación de Médicos de Canadá, demuestran la enorme brecha en el acceso al conocimiento de la ciencia médica internacional de los profesionales analizados en una muestra de 10 países de ingreso bajo y medio, incluyendo uno latinoamericano, México.
El conocimiento general y el saber médico en particular son universales, siempre lo han sido pero mucho más hoy en un mundo globalizado y fuertemente interconectado.
Sin embargo, en la “aldea virtual” en que vivimos los médicos y por extensión los profesionales de todas las ciencias de la salud es un mundo aislado y totalmente provinciano.
Los dos estudios publicados en CMAJ analizaron la brecha entre los investigadores y los profesionales en ejercicio en 4 áreas de la Meta del Milenio: malaria, anticoncepción, diarrea infantil y tuberculosis infantil.

Las estadísticas más impresionantes indican un acceso bajísimo de los profesionales de la salud a la evidencia basada en investigación y aparecida en las publicaciones científicas periódicas.
De acuerdo con los artículos citados solamente 18% de los profesionales leen una vez al mes revistas editadas en sus países, en comparación con solo 5% a 8% que leen periódicos médicos (los “journals”) provenientes de los países de ingresos altos (los países ricos, desarrollados, líderes o industrializados donde se editan revistas como Lancet o el New England Journal of Medicine).
Las barreras al acceso a la literatura médica de alto nivel son formidables: solamente 18% tienen fácil a Internet; 46% no leen inglés y menos de la mitad han recibido entrenamiento en el uso de computadores y solamente 31% entrenamiento en búsquedas.
Los profesionales encuestados reconocen mayoritariamente (80%) que la investigación originada en los países industrializados es de alta calidad, por encima de la realizada en sus propios países (51%) pero a la inversa consideran que la investigación foránea no es aplicable y optan por la investigación local, en relación a la práctica.
Dicho lo anterior, la realidad va mucho más allá de las respuestas “teóricas” a la encuesta. La mayoría de los hospitales y centros de atención no tiene acceso a las revistas científicas (es más, la inmensa mayoría no cuenta con la más escueta de las bibliotecas) y asimismo en la mayoría no hay investigadores.
Nuestros hospitales tienen acceso a Internet pero ante la carencia de contenidos ese acceso es utilizado para leer la prensa o mirar contenidos no relacionados a la medicina.
El co-autor de uno de los estudios manifestó “la mayoría de los médicos lee poco y prefiere leer en su idioma y leer las publicaciones locales porque o son más baratas o las recibe gratis o simplemente porque las puede comprender en razón del idioma”.
Es necesario, agregan, los autores, que la investigación internacional relevante sea traducida (más que traducida convertida) a un lenguaje accesible a los profesionales y a los encargados de las políticas de salud.
Uno de los líderes mexicanos expresa que hay que equipar a los profesionales en la comprensión de la literatura.
Hasta aquí, en síntesis, lo acopiado de los artículos publicados en CMAJ.
Con la experiencia de 25 años de tratar de aportar soluciones a la brecha del conocimiento en Colombia y en Latinoamérica podemos decir que las cifras citadas son mucho más graves en nuestra región.
El 5% a 8% de los profesionales que accede en su forma original a las revistas médicas internacionales está representado por profesores universitarios, investigadores y especialistas entrenados en el exterior y con sólidos conocimientos de inglés. Esos grupos leen las revistas en los centros académicos que cuentan con suscripciones a las bases de datos.
La cifra de 18% que lee las revistas nacionales suena realista.
Puede colegirse que la inmensa mayoría de los profesionales y de los estudiantes de las ciencias de la salud y más específicamente los profesionales alejados de las universidades no tiene acceso a la literatura médica ni internacional ni nacional.
Los estudiantes y un número de los profesionales lee libros de texto, generalmente traducciones de ediciones pretéritas o no lee más que las separatas que le llegan cortesía de los visitadores médicos.
No vacilamos en incriminar de manera directa al sistema de salud por la crisis del conocimiento médico. A nadie le ha preocupado dotar de bibliotecas médicas a los centros de atención sea del nivel que sea, incluyendo los llamados “hospitales docente-asistenciales”.
Con inverosímil miopía se ha creído que con unos pocos manuales o guías se soluciona el problema.
En la inminente e imprescindible reforma al sistema de salud que tiene que venir es absolutamente fundamental que se incluyan programas de educación médica continua virtual para todos los profesionales de salud, con materiales educativos adaptados a nuestro idioma e idiosincrasia, integrales y actualizados, que incorporen el conocimiento médico internacional aparecido en las revistas del tipo citado.
Finalmente, profesores, decanos, investigadores y bibliotecólogos deben “descender de la nube del Olimpo donde residen” y comprender que las necesidades del investigador o docente y las necesidades del profesional en la práctica y del estudiante son muy diferentes a las que ellos han estereotipado.
Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Profesor Titular de Medicina Mayo Clinic (1976)
Editor-Jefe Publicaciones ILADIBA
© EMSA-ILADIBA, Junio, 2010